La respiración es el torrente sanguíneo de la vida, mientras que el aliento constituye uno de los factores del desarrollo de la espiritualidad. La existencia se asienta en este hito evolutivo que nos acompaña de principio a fin, y que nos permite despertar al sentido de la vida, a su vitalidad y voluntad.

Charla ofrecida por Nueva Acrópolis en colaboración con Ítaca Espacio Cultural.

 

 

 

 

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