La palabra cólico proviene del griego, y significa «relativo al colon». Hoy en día ya no se refiere sólo a las dolencias intestinales, sino que un cólico es cualquier dolor agudo y repentino de la zona abdominal, especialmente si provoca contracciones espasmódicas. Así, además del cólico intestinal, producido por una gastroenteritis o por lombrices, encontramos el cólico apendicular, si estamos ante una apendicitis, el cólico hepático o biliar, el cólico renal o nefrítico, el cólico menstrual y en bebés, el cólico intestinal del lactante. Pero aunque en términos médicos actuales, cólico denota cualquiera de estos casos, cuando escuchamos que alguien ha sufrido un cólico, pensamos inmediatamente en un cólico biliar o en un cólico renal, que son los usos más generalizados del término. Tanto uno como el otro se producen por la formación de cálculos, es decir, por la presencia de piedras, en la vesícula o en el riñón, respectivamente.

COLICO BILIAR

La bilis es una sustancia fabricada por el hígado y almacenada en la vesícula biliar, que se utiliza en el proceso de digestión de las grasas. Al hablar de bilis, choles en griego, nos remontamos a los primeros tiempos de la medicina, con Hipócrates, quien estableció la importancia de los cuatro humores del cuerpo como causa de enfermedades. Estos eran la sangre, la flema, la bilis negra y la bilis amarilla, estableciendo con ellos además una tipología temperamental. Esta idea de la influencia de la bilis sobre el carácter ha llegado a nuestros días a través del lenguaje, puesto que colérico, o «bilioso», es alguien con tendencia a enfadarse, y melancólico, «bilis negra», es alguien apático y triste.

La bilis está compuesta por lecitina, colesterol, ácidos, sales y pigmentos biliares. Estos componentes son poco solubles en agua y pueden precipitar en forma sólida, formando cálculos que se pueden depositar en la vesícula o en los conductos que la llevan al intestino. Los síntomas de un cólico biliar son un dolor repentino y convulsivo en la parte superior del abdomen, que puede notarse en las costillas del lado derecho irradiando hacia la espalda y el hombro derecho,  y que aumenta bajo ciertos movimientos y posturas. También puede haber nauseas y vómitos, junto con escalofríos.

Las causas son poco conocidas. Hay personas con predisposición genética a sufrir estos cólicos, debido a que fabrican poca bilis, o a la composición química de la bilis, que no está en las proporciones adecuadas, o que tiene mucho colesterol. Entre los factores de riesgo están el llevar una dieta rica en grasas, la obesidad, la toma de anticonceptivos orales, la diabetes o el embarazo. Además estadísticamente esta afección tiene más incidencia sobre las mujeres de más de 40 años.

Un cólico biliar se suele producir después de una gran comida especialmente rica en alimentos grasos, normalmente por la noche y cuando han pasado unas horas después de la ingestión. El duodeno reclama más bilis para poder hacer la digestión y es entonces cuando el cálculo sale de la vesícula al conducto biliar y lo obstruye parcialmente. Resulta extremadamente doloroso.

Una complicación que puede aparecer es que el cálculo llegue a obstruir por completo el conducto biliar, con lo cual el paciente presentaría ictericia, un color amarillento en la piel. También se puede inflamar la vesícula, por descomposición de la bilis que ha quedado almacenada o producirse una  pancreatitis.

El tratamiento es sintomático, consiste en la administración de analgésicos fuertes junto con antiespasmódicos y, en caso de que se sospeche una infección, antibióticos. Los cálculos se pueden disolver mediante una medicación específica y también desde el exterior por medio de ultrasonidos. En casos recurrentes queda a criterio del facultativo médico la opción de extirpar la vesícula por medio de cirugía. La dieta preventiva deberá ser rica en fibra y baja en grasas, evitando comer alimentos que generen colesterol. En personas propensas se recomienda tomar antiácidos para evitar indigestiones. Entre las infusiones que pueden reportar algún alivio se encuentran las hierbas amargas, sobre todo el diente de león, que limpia de impurezas el hígado y la vesícula biliar. Una tisana colerética de gran utilidad es la formada por romero, caléndula, hierbabuena, melisa y diente de león a partes iguales, tomada después de las comidas.

COLICO RENAL

Aunque en la mayoría de los casos un cólico renal no reviste gravedad, el dolor que provoca es uno de los más intensos que se pueden sufrir y puede incapacitarnos parcialmente durante un tiempo, hasta que expulsemos la piedra que lo ha causado.

Los cálculos renales son concreciones salinas, que van desde finas arenillas hasta piedras de varios centímetros, y que se depositan en los riñones o en otras partes del tracto urinario. El término proviene de los romanos, que llamaban calculus, «piedrecita», a las pequeñas piedras que utilizaban para realizar las operaciones matemáticas. En la mitad de los casos el cálculo se expulsa espontáneamente antes de quince días y en la mayoría antes de los dos meses.

La orina se produce en los riñones cuando éstos filtran la sangre, para eliminar productos químicos de desecho y el exceso de líquido. Desde el riñón el uréter conduce la orina hasta la vejiga donde se almacena hasta su excreción. Si el riñón se encuentra con un exceso de sales o con poco líquido que extraer, se forma una orina concentrada donde las sales pueden precipitar. Los cálculos también pueden estar provocados por alteraciones fisicoquímicas de la orina, cambios en el pH, entre otras.

Hay diferentes tipos de cálculos renales:

– El 75% de estos cálculos son de oxalato y fosfato cálcico. Son piedras de formas redondeadas, y suelen estar producidas por una deshidratación crónica suave propia del verano, porque al sudar eliminamos agua y si luego no bebemos, el riñón no cuenta casi con líquido que extraer y la orina queda más concentrada. También puede deberse a un exceso de calcio ingerido con la dieta, o en raras ocasiones, a la existencia de enfermedades endocrinas.

– El 20% de los cálculos son cristales de estruvita, formados por fosfato amónico magnésico. Éstos están asociados a infecciones bacterianas y crecen rápidamente. Tienen una forma irregular, y son los más peligrosos, porque las bacterias que los producen pueden ser focos persistentes de infecciones urinarias y llegar a provocar una insuficiencia renal, si no se tratan.

– Y el 5% restante de los cálculos se deben al ácido úrico, provocados por una orina muy ácida. Son verdaderos cristales con aristas cortantes, que provocan microlesiones en los conductos urinarios y dan lugar a hematuria, es decir, sangre en la orina.

Los cólicos renales tienen mayor incidencia entre los hombres, a partir de los 35-40 años de edad. Predomina en personas con hábitos sedentarios o en aquellas con gran exposición al calor, y una gran sudoración. Los síntomas son un dolor agudo en la región lumbar que irradia hacia la ingle, la vejiga y los genitales. El dolor aumenta y disminuye de forma cíclica, en períodos de 5 a 30 minutos y no mejora con el reposo. Se siente además palidez, sudor frío y escalofríos. Normalmente se acompaña de vómitos y nauseas. El tratamiento es sintomático, a base de analgésicos, espasmolíticos y de beber mucho líquido, de 2 a 3 litros de agua al día, para diluir las piedras. Los cálculos de ácido úrico pueden disolverse mediante un tratamiento que produzca una alcalinización prolongada de la orina. 

El uréter, cuando recibe la piedra, se contrae como acto reflejo, y esto dificulta aún más la salida del cálculo, junto con el hecho de que este conducto se estrecha conforme se acerca a la vejiga. Por eso, representa un alivio la aplicación de calor local y los baños con agua caliente a 36-37ºC que ayudan a distenderlo.

Si la piedra está mucho tiempo taponando o dificultando la salida de orina, puede ser un caldo de cultivo ideal para las infecciones. Por eso, si el cálculo no es expulsado naturalmente, será necesario extraerlo quirúrgicamente, por endoscopia a través de la uretra, o por fragmentación extracorpórea mediante ondas de choque.

La prevención de nuevos cólicos pasa por unos hábitos dietéticos saludables. Es necesario la ingesta de cantidad suficiente de agua y líquidos que nos asegure una diuresis (emisión de orina) abundante y regular. Se debería beber entre 3 y 4 litros diarios cuando hace mucha calor o se ha realizado un ejercicio físico fuerte y en otras circunstancias como exceso de sudoración o diarreas. Además, no se debe abusar del consumo de sal, alcohol y dulces. Si los cálculos que hemos tenido son de oxalatos, hay alimentos que habría que evitar como la remolacha, nabo, espinacas, endibias, acelgas, tomate, judías, té y cacao, y si en las piedras predominan las sales de calcio, deberíamos moderar el consumo de productos lácteos. En el caso de cristales de ácido úrico, hay que limitar la ingesta de proteínas, cualquier tipo de carnes, huevos, conservas, chocolates y bebidas alcohólicas. Una tisana diurética que puede aliviar los síntomas de un cólico renal es la compuesta de vara de oro, cola de caballo, maíz, hinojo y herniaria, a partes iguales, tomada entre las comidas.